Los empleados de Hoteles Castillo brindan por la jefa que nunca olvidó de dónde venía. Durante la primera pieza como esposos, Diego y Sofía bailan solos en el centro de la pista mientras todos los observan. Es la misma canción que bailaron en el baile de gala, pero esta vez no hay máscaras sociales, no hay miedos, no hay dudas. ¿Te arrepientes de algo?, pregunta Diego mientras giran suavemente.
Solo de una cosa, responde Sofía. ¿Cuál? De haber tardado tanto en darme cuenta de que merecía este tipo de amor. Y ahora, ahora sé que encontramos algo que vale más que todo el dinero del mundo, un amor que nos hace mejores personas juntos. Durante la fiesta se anuncia que Sofía mantendrá su carrera independiente como directora de operaciones, pero ahora trabajará desde una nueva oficina de consultores empresariales del Bajío en Ciudad de México.
Diego ha implementado nuevas políticas en Hoteles Castillo, inspirado por la perspectiva social de Sofía. mejores salarios para empleados, programas de educación continua y oportunidades reales de crecimiento interno. Ricardo observa desde lejos, parado al borde de la celebración. No fue invitado, pero vino de todos modos, quizás movido por la curiosidad o el arrepentimiento. Ve a su ex mejor amigo bailar con la mujer que una vez despreció.
Ve la alegría genuina en los rostros de todos los presentes. Ve la clase y elegancia natural que Sofía aporta a cada interacción. Por primera vez, Ricardo entiende lo que perdió al valorar el estatus sobre la autenticidad. Se da cuenta de que mientras él sigue frecuentando los mismos círculos sociales vacíos, Diego encontró algo real, algo valioso, algo que no se puede comprar.
Sin acercarse a saludar, Ricardo se va silenciosamente, llevándose consigo la comprensión tardía de que había estado completamente equivocado. La noche termina con fuegos artificiales sobre el agua, reflejando colores dorados y plateados en los canales de Sochimilco. Diego y Sofía están de pie en una de las trajineras, abrazados viendo cómo las luces iluminan el cielo.
¿En qué piensas? pregunta Diego. En que hace un año si alguien me hubiera dicho que estaría aquí casada contigo, siendo completamente feliz, no lo habría creído. ¿Por qué? Porque creía que las personas como yo no tenían derecho a cuentos de hadas, pero me di cuenta de que no se trata de merecer la felicidad, se trata de tener el valor de crearla. Diego la besa suavemente.
Te amo, Sofía Castillo. Te amo, Diego, para siempre. En los jardines donde los colores se reflejan en el agua como sueños hechos realidad, Diego y Sofía comenzaron el primer día del resto de sus vidas, sabiendo que habían encontrado algo más valioso que todos los tesoros del mundo, un amor que los hacía mejores personas juntos, mientras la trajinera los lleva lentamente por los canales iluminados por la luna, ambos saben que han encontrado exactamente donde pertenecen. en los brazos del otro, construyendo una vida
basada en amor verdadero, respeto mutuo y la libertad de ser completamente auténticos. El agua susurra canciones de amor eterno mientras Chochimilko abraza a la nueva pareja, bendiciendo su unión con la magia ancestral de un lugar donde los sueños y la realidad se encuentran, donde dos mundos diferentes pueden fusionarse perfectamente cuando el amor es la fuerza que los une. Yeah.
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