Vamos a hablar de muchas cosas, responde Diego firmemente. Mira, no quiero lastimarte, pero esto es obvio. Ella acepta salir contigo porque eres su jefe, porque tienes dinero. Es gratitud, no amor. No confundas las cosas. Después de que Ricardo se va, Diego se queda pensando en sus palabras.
¿Será cierto? Sofía acepta acompañarlo solo por agradecimiento o por la diferencia de poder entre ellos. Esa noche, Diego maneja hasta su casa en las lomas, sintiendo una mezcla extraña de emoción y preocupación. Por primera vez en años está realmente interesado en conocer mejor a alguien, pero también tiene miedo de que Ricardo tenga razón.
Al día siguiente decide hacer algo que nunca ha hecho. Contacta secretamente a la diseñadora más exclusiva de México y encarga un vestido personalizado para Sofía. Cuando le pregunta la talla, inventa una excusa sobre un préstamo de vestidos de la empresa para empleados que asisten a eventos corporativos.
Sofía acepta el vestido con una sonrisa, aunque Diego nota que sospecha de la generosidad inusual. ¿La empresa realmente tiene un programa de préstamo de vestidos? Pregunta con curiosidad. Es algo nuevo que estamos probando, miente Diego sintiendo calor en las mejillas. Mientras tanto, en Shochimilko, Sofía llega a su casa cargando una caja elegante con el vestido más hermoso que ha visto en su vida.
Su mamá, Carmen, está viendo televisión en la pequeña sala. ¿Qué traes ahí, mija hija? Un vestido para el baile de la empresa mamá. Mi jefe me invitó. Carmen apaga la televisión y mira a su hija con atención. Tu jefe te invitó como su acompañante. Sí, pero es solo trabajo. Necesita alguien que conozca a todos los invitados importantes. Carmen sonríe con sabiduría.
Ay, Sofía, ese jefe tuyo te ve diferente. Una mamá se da cuenta de esas cosas. No digas eso, mamá. Somos de mundos completamente diferentes. El mundo no importa cuando hay sentimientos verdaderos de por medio. Dice Carmen tocando la mano de su hija. Pero ten cuidado, mi hija. Los ricos juegan con reglas diferentes a las nuestras.
Esa noche Sofía se prueba el vestido frente al espejo de su cuarto. Es azul turquesa, con una caída perfecta que la hace verse elegante y sofisticada. Por un momento se permite soñar con que todo sea posible, pero las palabras de su mamá resuenan en su cabeza. Los ricos juegan con reglas diferentes.
El palacio de bellas artes nunca había lucido tan espectacular. Las luces doradas iluminan la fachada de mármol blanco, mientras los invitados más importantes del mundo empresarial mexicano llegan en sus autos de lujo. Diego se ajusta la corbata de moño por tercera vez mientras espera en el vestíbulo principal.
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