ÉL INVITÓ A SU ASISTENTE AL BAILE Y SUS AMIGOS RIERON… PERO CUANDO ELLA LLEGÓ…

y tengo buena memoria para los nombres y las caras. Diego la hace girar, admirando cómo se mueve con naturalidad al ritmo de la música. Nunca me dijiste que bailabas tan bien. Mi mamá me enseñó cuando era niña. Decía que una mujer siempre debe saber bailar, cocinar y defenderse sola. Mientras bailan, Diego nota como otros invitados los observan, pero no con burla, sino con curiosidad e incluso admiración. Sofía no solo encaja en este mundo, lo está conquistando.

A las 10:30, cuando la orquesta toca una pieza más lenta, Diego la lleva hacia la terraza que da al centro histórico. La vista nocturna de la ciudad es espectacular, con las luces del zócalo brillando a lo lejos. ¿Estás bien?, pregunta él. Sé que esto debe ser abrumador. Un poco, admite Sofía, pero también es emocionante.

Nunca había estado en un lugar así. se quedan en silencio un momento disfrutando la brisa nocturna y la música que llega desde el salón. “Sofía, quiero agradecerte por acompañarme esta noche”, dice Diego, “no solo por cómo has manejado todo, sino por ayudarme a ver las cosas diferente.” ¿A qué te refieres? A que nunca me había sentido tan cómodo siendo yo mismo en un evento como este.

Contigo no tengo que actuar. No tengo que ser el Diego que todos esperan que sea. Sofía lo mira a los ojos y por un momento parece que va a decir algo importante, pero de repente se escucha una voz detrás de ellos. Diego, ahí estás. Ambos se voltean y ven a un hombre mayor elegantemente vestido que se acerca con paso decidido. Diego se tensa inmediatamente.

Papá, no sabía que venías esta noche. Don Fernando Castillo, el patriarca de la familia y fundador del Imperio Hotelero, mira a Sofía con curiosidad evidente. Decidí hacer una aparición sorpresa. Dice sin apartar los ojos de Sofía. No me vas a presentar a tu acompañante, papá. Ella es Sofía Morales, mi asistente personal.

Sofía, mi padre, Fernando Castillo. Sofía extiende la mano con firmeza. Es un honor conocerlo, señor Castillo. He escuchado mucho sobre usted. Don Fernando estrecha su mano evaluándola claramente. Asistente personal. Interesante elección de acompañante para esta noche. Diego está a punto de defender su decisión cuando se escucha un alboroto desde el salón principal.

Un mesero se acerca corriendo. Señor Castillo, tenemos una situación con los invitados japoneses. Hay un malentendido sobre el contrato del hotel de Osaka y están muy molestos. Nadie del equipo puede comunicarse con ellos apropiadamente. Don Fernando frunce el seño.

El contrato de Osaka representa millones de dólares y es crucial para la expansión internacional de la empresa. Vamos, dice, a ver qué podemos hacer. Pero antes de que se muevan, Sofía da un paso adelante. ¿Me permite? Pregunta suavemente. Sin esperar respuesta, camina hacia donde están los empresarios japoneses, claramente agitados y hablando rápidamente entre ellos.

Se acerca con una reverencia perfecta y comienza a hablar en japonés fluido. Diego y su padre observan desde lejos como Sofía maneja la situación. Sus gestos son respetuosos, pero firmes. Sonríe en los momentos apropiados, se inclina cuando es necesario y gradualmente los rostros de los japoneses se relajan. Después de 10 minutos de conversación, los empresarios asiáticos están sonriendo y estrechando la mano de Sofía.

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