El marido presentó a su amante embarazada en la cena, pero su esposa sacó documentos que lo sorprendieron.

No porque fuera gracioso.
Porque sabía exactamente cuánto tiempo un hombre podía estirar una habitación antes de que esta se volviera contra él.

La entrada que cambió el ambiente
A las 7:55, las puertas dobles se abrieron.

Mark Hart entró cuarenta minutos tarde, elegante y guapo, como la gente confunde con seguridad.
Pero la habitación no se quedó en silencio por él.
Se quedó en silencio por la mujer que llevaba del brazo.

Parecía de unos 29 años: cabello negro brillante, rasgos delicados y un elegante vestido rojo que no intentaba ocultar su redonda e innegable barriga de cinco meses.
Mark alzó la voz como si se dirigiera a un público.
“Buenas noches. Disculpen la demora.”

Hizo una pausa, dejando

El momento se complicó.
“Les presento a Vanessa Chen, Directora de Proyectos Especiales para nuestros mercados asiáticos…”
Luego miró directamente a Rebecca, como retándola a romperse.
“…y la madre de mi hijo. La próxima heredera.”

Las palabras resonaron en la porcelana.
Sophie apretó su vaso con más fuerza.
Sam no se movió, pero su mirada se agudizó.

Todos observaron a Rebecca esperando el colapso esperado.
Lágrimas. Gritos. Una escena que podría editarse como chisme.

En cambio, Rebecca se puso de pie con gracia y serena y extendió la mano.
“Bienvenida a nuestra cena familiar, Sra. Chen”, dijo con cariño.
“Por favor, tome el asiento de invitada de honor.”

Vanessa parpadeó, confundida, y aceptó.
Mark dudó, solo un instante de más, como si su guion hubiera dejado de encajar con la sala.

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