Su voz era tranquila, grave.
“Hace tres años dijiste que Singapur no valía la pena”, le dijo a su padre. “Lo recuerdo.”
Sophie asintió una vez.
“Yo también.”
Dos frases.
Dos testigos que no necesitaban gritar.
Mark empujó su silla hacia atrás; chirrió al caer al suelo.
“Esto es una trampa.”
Rebecca respondió a su pánico con calma.
“Los documentos son de bancos de Singapur”, dijo. “Verificados por tres firmas independientes.”
Hizo una pausa, dejando que la sala percibiera el siguiente punto antes de decirlo.
“Mañana a las nueve hay una sesión de emergencia de la junta”, añadió. “Les sugiero que lean atentamente esta noche.”
Amabilidad que no fue debilidad
Rebecca finalmente se volvió hacia Vanessa, su rostro suavizándose de una manera que confundió a todos. “Puedes quedarte en el ático por ahora”, le dijo. “En tu estado, la estabilidad importa”.
Bajó la voz.
“Si necesitas algo para el bebé, llámame”.
Vanessa la miró fijamente, temblorosa.
“¿Por qué eres tan amable conmigo?”.
La respuesta de Rebecca no funcionó. Dio en el blanco.
“Porque esto no es una telenovela”, dijo. “Tu hijo es inocente. Mi problema no eres tú. Es el hombre que nos mintió a ambos”.
Una nueva voz habló desde la puerta.
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