No respondió, pero sus hombros se relajaron ligeramente.
Etapa 6. El trabajo me dio una voz que no me pueden quitar.
La semana siguiente, Elena Pavlovna me encargó un pedido grande: ramos de flores para un evento corporativo. Estaba aprensiva, me temblaban las manos, pero lo logré. El cliente dijo:
"Tienes buen gusto. Eso es raro".
Salí después de mi turno y parecía que el aire se había aligerado. Porque de repente me di cuenta: no soy "la esposa de nadie". Soy una persona que sabe cómo hacer las cosas, que quizás incluso gana dinero.
Últimamente, Dimka escribía con más frecuencia. Parecía interesado. A veces incluso preguntaba:
"¿Necesitas ayuda?".
Y me sorprendí pensando que estaba contenta no porque me estuviera "ayudando", sino porque estaba pidiendo. No ordenando. Pidiendo.
Pero los viejos hábitos son difíciles de cambiar.
Etapa 7. Me vio y temió perderme.
Un día, Dimka entró en la tienda. Yo no lo sabía. Simplemente levanté la vista y lo vi de pie en el escaparate.
Me miró con extrañeza: llevaba un delantal, sostenía unas tijeras, segura, ágil, hablando con los clientes, sonriendo.
"Eres... diferente", dijo cuando salí del armario.
"Soy real", respondí. "Antes solo me escondía".
Me entregó un ramo. Esta vez, no era del supermercado. Precioso. Intrincado. Con ramitas de eucalipto, rosas blancas y algo delicado y cremoso.
"Esto es para ti", dijo en voz baja. "Yo... pedí que lo hicieran 'justo como te gusta'".
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
