Al día siguiente, la hacienda se sentía extrañamente silenciosa.
Doña Chayo fregaba los platos con más fuerza de la necesaria. Don Ramón paseaba por el patio. En la habitación pintada de mariposas y unicornios, Sofía se aferró a la almohada de Laura, aspirando el aroma a manzanilla de su champú como si fuera a traerla de vuelta.
"¿Dónde está Lau?", preguntó Sofía esa noche, negándose a mirar a su padre.
Santiago se sentó en el borde de la cama.
"Lau tuvo que irse".
"¿Por qué?"
La verdadera respuesta sabía a vergüenza. ¿Cómo podía decirle a una niña que había rechazado a la persona que más amaba porque dejó que otra mujer alimentara su miedo? “A veces”, dijo con cuidado, “los adultos toman decisiones difíciles”.
Sofía lo miró fijamente. En sus ojos verdes, Santiago se vio a sí mismo el día que Elena murió: un hombre sumido en el dolor.
“La mandaste lejos”, dijo Sofía, con la brutal seguridad que solo los niños tienen.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
