El millonario despidió a la niñera sin razón… hasta que su hija dijo algo que lo dejó en shock…

La niñera fue despedida sin explicación, pero lo que la hija del millonario reveló, dejó a todos en shock. La maleta cayó al suelo cuando escuchó las palabras que cambiarían todo. Laura Méndez nunca imaginó que después de 3 años cuidando a la pequeña Sofía, sería despedida sin razón aparente. Recogió sus cosas intentando ocultar las lágrimas que no paraban. Nadie entendía que había sucedido hasta que la hija del millonario susurró algo al oído de su padre y lo que ella reveló dejó al empresario completamente destrozado.

El peso de la injusticia era más pesado que cualquier equipaje. Laura Méndez descendió los escalones de la terraza con la mirada fija en el suelo de piedra, contando cada paso como si eso pudiera distraerla de lo que acababa de ocurrir. 20 escalones hasta la reja, 20 pasos para dejar atrás 3 años completos de su vida.

El sol del atardecer en San Miguel de Allende teñía las paredes color terracota de la hacienda con tonos dorados. Ella pensó en como siempre adoró esa hora del día cuando la luz entraba por las ventanas del cuarto de Sofía y las dos inventaban figuras en las sombras proyectadas en el techo. Un pájaro, una mariposa, una estrella. No miró hacia atrás. Si lo hacía, sabía que lloraría y ya había llorado demasiado en el baño de servicio mientras empacaba sus pertenencias.

Tres pantalones vaqueros, cinco blusas, el vestido azul cielo que usó en el cumpleaños número cuatro de Sofía, el cepillo para el cabello que la niña adoraba usar para peinar a su muñeca favorita. El cepillo lo dejó. Pertenecía a esa casa, a esa vida que ya no era suya. El chóer esperaba junto al auto negro con la puerta ya abierta. Don Ramón era un hombre de pocas palabras, pero la mirada que le lanzó a Laura lo decía todo.

Él tampoco entendía, nadie entendía. Y tal vez así, porque si alguien preguntaba el motivo, ella no sabría responder. Santiago Mendoza simplemente la llamó a su despacho esa mañana y le dijo, con la voz plana de quien lee un informe de negocios, que sus servicios ya no eran necesarios, sin explicación, sin aviso previo, sin siquiera mirarla a los ojos mientras hablaba, Laura entró al auto y apoyó la frente contra el vidrio frío de la ventana. La hacienda fue haciéndose más pequeña en el espejo retrovisor y con ella la silueta de todo lo que había construido en los últimos tres años.

Había llegado allí con 26 años. recién graduada en educación infantil de una universidad modesta, sin experiencia alguna más allá de cuidar a los sobrinos durante las vacaciones. La agencia de empleos la envió casi por casualidad, una sustitución temporal que se volvió permanente cuando Sofía, entonces, con apenas 2 años, se negó a dormir con cualquier otra persona que no fuera ella. Sofía tenía ese poder de elegir a las personas, de mirar a alguien y decidir con esa certeza absoluta que solo los niños poseen si esa persona merecía o no su cariño.

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