Pero ahora ya saben quién soy. Exacto. Mercedes apretó las manos de Elena con fuerza. Por eso necesitas saber la verdad completa, porque hay algo más en esta carpeta, algo que Maximiliano no sabe que tengo. Sacó un sobre grueso sellado con cera antigua. Durante mis años trabajando para Aurelio, traduje muchos documentos. Algunos de ellos eran delicados, negocios que no eran exactamente legales, acuerdos con personas que preferían permanecer en las sombras. ¿Qué tipo de negocios? El tipo que destruiría la reputación de grupo Alderete si saliera a la luz.
Aurelio me hizo jurar que nunca revelaría lo que sabía y cumplí mi promesa mientras él vivió. Pero Maximiliano rompió todas las promesas que su padre me hizo, así que yo ya no tengo obligación de guardar sus secretos. Elena miró el sobre como si contuviera una bomba. En cierto sentido, lo era. Abuela, ¿estás segura de esto? Si Maximiliano descubre que tienes esto, ya no me importa lo que me pase a mí, Elena. Estoy vieja, estoy enferma, pero tú tienes toda una vida por delante y no voy a permitir que ese hombre te la quite como me quitó la mía.
El teléfono de Elena sonó interrumpiendo el momento. Era un número desconocido. Dudó antes de contestar, Elena Navarro. Una voz femenina, profesional, pero cálida. Sí. ¿Quién habla? Mi nombre es Camila Fuentes. Soy periodista del Diario Nacional. Escuché sobre lo que pasó en la estrella dorada anoche. Me gustaría hablar con usted. El corazón de Elena se aceleró. ¿Cómo se había enterado una periodista tan rápido? ¿Cómo consiguió mi número? Tengo mis fuentes, pero eso no es lo importante. Lo importante es que tengo información sobre Maximiliano Alderete que creo que le interesará y creo que usted tiene información que me interesa a mí.
¿Podemos reunirnos? Elena miró a su abuela, quien había escuchado toda la conversación. Mercedes asintió lentamente. ¿Dónde y cuándo? Mañana, en el café Esperanza, cerca de la plaza central, a las 10 de la mañana. Y señorita Navarro, venga sola y no le diga a nadie sobre esta llamada. La comunicación se cortó. Elena se quedó mirando el teléfono, procesando lo que acababa de suceder. ¿Quién era?, preguntó Mercedes. Una periodista. dice que tiene información sobre los Alderete. Podría ser una trampa, lo sé, pero también podría ser nuestra única oportunidad.
Esa noche Elena no pudo dormir. Su mente era un torbellino de preguntas, miedos y posibilidades. Leyó los documentos que su abuela le había dado, cada página revelando una historia de corrupción, manipulación y crueldad que se extendía por décadas. Pero había algo más entre los papeles, algo que su abuela no había mencionado directamente. Una carta escrita en alemán dirigida a Aurelio Alderete, de un socio comercial europeo. La carta hablaba de un acuerdo secreto, de dinero transferido a cuentas en el extranjero, de favores políticos comprados y vendidos.
Elena tradujo cada palabra sintiendo como el rompecabezas comenzaba a tomar forma. Los Alderete no habían construido su imperio, solo con trabajo duro y astucia empresarial. Lo habían construido sobre mentiras, sobornos y la explotación de personas como su abuela. A la mañana siguiente, Elena se preparó para la reunión con la periodista. Antes de salir, su abuela la detuvo. “Lleva esto contigo.” Le entregó un pequeño medallón de plata. “Era de tu madre. Ella también tenía tu coraje. Elena murió joven, pero vivió sin miedo.
Quiero que recuerdes eso hoy. Elena abrazó a su abuela con fuerza, sintiendo la fragilidad de su cuerpo, pero también la fortaleza de su espíritu. Volveré pronto, abuela. Te lo prometo. Sé que lo harás, mi niña, pero si algo sale mal, quiero que sepas que estoy orgullosa de ti. Siempre lo estuve, desde el día que naciste. El café Esperanza era un lugar modesto en una esquina tranquila de la ciudad. Mesas pequeñas, paredes decoradas con fotografías antiguas, el aroma de café recién hecho flotando en el aire.
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