EL MILLONARIO HIZO EL PEDIDO EN ALEMÁN PARA BURLARSE DE LA CAMARERA… PERO ELLA HABLABA 7 IDIOMAS…

Cada palabra era como quitarse un peso del alma. Cuando terminó, Camila guardó la grabadora con expresión seria, pero esperanzada. Esto es suficiente para comenzar, pero necesito ver esos documentos originales. ¿Puede conseguírmelos? Tendré que hablar con mi abuela. Son suyos, no míos. Entiendo, pero hágalo pronto. Los Alderete no van a quedarse quietos. Si descubren que estamos trabajando juntas, intentarán detenernos. Elena asintió, levantándose para irse, pero antes de que pudiera dar un paso, Camila la detuvo. Una cosa más, señorita Navarro.

Anoche recibí una llamada anónima. Alguien me advirtió que tuviera cuidado con usted, que era peligrosa, inestable, que no se podía confiar en nada de lo que dijera. El estómago de Elena se revolvió. ¿Quién llamó? No dejó nombre, pero reconocí el número. Era del celular personal de Rodrigo Alderete, así que era él. Rodrigo había sido quien envió el mensaje amenazante la noche del restaurante. Rodrigo estaba tratando de desacreditarla antes de que pudiera defenderse. ¿Y por qué decidió reunirse conmigo de todas formas?

Camila sonrió. Porque en mi experiencia, cuando alguien como Rodrigo Alderete intenta destruir la reputación de una persona antes de conocerla, significa que esa persona tiene algo que ellos temen. Y yo quiero saber qué es. Elena salió del café con una mezcla de esperanza y terror. Tenía una aliada, tenía un plan, pero también tenía enemigos poderosos que estaban dispuestos a todo para silenciarla. Mientras caminaba hacia la parada del autobús, su teléfono vibró con un mensaje de texto. Era de Augusto, el chef.

Elena, necesito verte urgentemente. Descubrí algo sobre los Alderete que debes saber. Es sobre tu abuela. Por favor, ven al restaurante después de las 11 de la noche cuando esté cerrado. Entra por la puerta trasera. Es importante. Elena leyó el mensaje tres veces. ¿Qué podía saber Augusto sobre su abuela? ¿Por qué tanta urgencia y secreto? Algo no estaba bien, pero al mismo tiempo, Augusto siempre había sido amable con ella, siempre la había protegido. Podía confiar en él, podía confiar en alguien.

Lo que Elena no sabía era que en ese mismo momento en las oficinas de Grupo Alderete, Maximiliano estaba recibiendo el informe de la investigación que había ordenado. Y lo que contenía ese informe no solo revelaba quién era realmente Elena Navarro, revelaba un secreto que conectaba a las dos familias de una manera que nadie habría imaginado. Un secreto que si salía a la luz destruiría mucho más que reputaciones, destruiría vidas. El reloj marcaba las 10:40 de la noche cuando Elena se bajó del autobús a dos cuadras de la estrella dorada.

Las calles estaban casi vacías, apenas iluminadas por faroles que proyectaban sombras alargadas sobre el pavimento húmedo. Había llovido durante la tarde y el aire todavía olía a tierra mojada y asfalto. Cada paso que daba hacia el restaurante aumentaba la inquietud en su pecho. El mensaje de Augusto no dejaba de darle vueltas en la cabeza. ¿Qué podía saber él sobre su abuela? ¿Por qué tanto misterio? ¿Por qué reunirse a escondidas después del cierre? Antes de salir de casa, Elena había dudado.

Mercedes notó su inquietud. ¿A dónde vas a esta hora, mi niña? Augusto me pidió que nos viéramos. Dice que tiene información importante. El chef Mercedes frunció el seño. ¿Y por qué no puede decírtelo por teléfono? No lo sé, abuela, pero Augusto siempre fue bueno conmigo. Confío en él. Mercedes la había mirado con esos ojos que parecían ver más allá de las palabras. Ten cuidado, Elena. En tiempos de guerra, hasta los amigos pueden convertirse en enemigos sin quererlo.

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