EL MILLONARIO HIZO EL PEDIDO EN ALEMÁN PARA BURLARSE DE LA CAMARERA… PERO ELLA HABLABA 7 IDIOMAS…

Haré tu vida imposible. Ya perdiste tu trabajo en la estrella dorada. Puedo asegurarme de que no trabajes en ningún restaurante de esta ciudad, de este país, si me lo propongo. Y el tratamiento de tu abuela en San Vicente. Bueno, digamos que cuando complete mi adquisición del hospital, ciertas pacientes podrían encontrar que sus camas ya no están disponibles. Elena sintió náuseas. No era una oferta, era un chantaje, una extorsión disfrazada de generosidad. me está amenazando. Te estoy dando opciones.

Hay una diferencia. Las manos de Elena temblaban mientras miraba el documento. Las palabras nadaban frente a sus ojos. Cláusulas legales, términos complicados, todo diseñado para silenciarla permanentemente. Pensó en su abuela, en su sonrisa cuando le dijo que estaba orgullosa, en sus palabras sobre no vivir la vida en silencio. Pensó en las voces que había escuchado a Maximiliano mencionar. Las personas que serían afectadas si él compraba el hospital, los pacientes que perderían su atención, las familias que sufrirían.

Pensó en todo lo que había aprendido a lo largo de su vida, cada idioma, cada palabra, cada lección sobre dignidad y coraje y tomó una decisión. No dijo con voz firme. Maximiliano frunció el ceño. Disculpa, dije que no. No voy a firmar esto. Rodrigo se puso de pie. ¿Estás loca? ¿Tienes idea de lo que estás rechazando? Tengo perfecta idea. Elena también se levantó mirando directamente a los ojos de Maximiliano. Estoy rechazando ser comprada, estoy rechazando ser silenciada y estoy rechazando ser parte de lo que sea que ustedes planean hacer con ese hospital.

¿Vas a arrepentirte de esto? La voz de Maximiliano era hielo puro. Voy a destruirte a ti y a todo lo que te importa. Elena caminó hacia la puerta, pero antes de salir se giró una última vez. Keralderete, dijo en alemán perfecto. Sie haben ihr ganzes Leben lang Menschen wie mich unterdrückt, aber diesmal haben sie sich mit der falschen Person angelegt. Ich werde nicht schweigen und wenn ich falle, werde ich nicht allein fallen. Seor alderete, toda su vida ha oprimido a personas como yo, pero esta vez se metió con la persona equivocada.

No me callaré y si caigo, no caeré sola. Salió de la oficina sin mirar atrás, su corazón latiendo con fuerza, sus piernas apenas sosteniéndola. No sabía cómo iba a cumplir esa promesa. No sabía qué recursos tenía contra un hombre con el poder de Maximiliano Alderete, pero sabía una cosa con certeza absoluta. La guerra había comenzado oficialmente y Elena Navarro no tenía intención de perderla. Lo que no sabía era que esa misma tarde, mientras ella regresaba a casa para abrazar a su abuela y planear su próximo movimiento, Maximiliano Alderete estaba haciendo una llamada que cambiaría todo.

“Necesito que investigues a fondo a esa chica”, decía al teléfono con voz helada. Quiero saber cada secreto, cada debilidad, cada persona que le importa y cuando tengas todo, la destruiremos por completo. En la pantalla de su computadora brillaba una foto de Elena tomada por las cámaras de seguridad del edificio, y junto a ella una foto de doña Mercedes entrando al hospital San Vicente para su tratamiento semanal. La batalla por la dignidad estaba por convertirse en una lucha por la supervivencia.

El camino de regreso a casa fue el más largo que Elena había recorrido en su vida. Cada paso pesaba como plomo. Cada respiración era un esfuerzo consciente por no derrumbarse en medio de la calle. Había desafiado a un gigante y ahora ese gigante estaba preparándose para aplastarla. Cuando abrió la puerta de su pequeño apartamento, encontró algo que no esperaba. Su abuela Mercedes no estaba en su silla junto a la ventana. Estaba de pie, apoyada en su bastón.

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