El millonario llegó temprano a casa; la criada le susurró: «Cállate». La razón fue impactante.

Esa noche, un portazo lejano lo hizo brincar. Aisha levantó un dedo: silencio.

Mauricio entendió que esconderse no era pasivo. Era una guerra hecha de susurros.

Cuando por fin salió, no se sintió como libertad. Se sintió como caminar con un blanco en el pecho.

Aisha le bajó la gorra hasta las cejas.

—Ojos abajo. Respira. Quédate pegado a mí.

El evento público era un infierno brillante: música, cámaras, perfume, risas falsas. Una gala de beneficencia en un hotel de Polanco, organizada por la fundación de Mauricio… la misma fundación que Verónica usaba para lucirse.

Aisha tenía una razón para llevarlo: Aarón, un abogado que ella conocía por su iglesia, había logrado contactar a un fiscal. Necesitaban que Mauricio estuviera ahí… para que el mundo lo viera vivo y para que los culpables se movieran en pánico.

Mauricio caminó entre los invitados como un fantasma. Y entonces lo vio:

Iván.

Traje impecable. Sonrisa de portada. Hasta que sus ojos encontraron a Aisha. La sonrisa se volvió filo.

Iván se abrió paso y la agarró de la muñeca, fuerte.

—Así que tú eres el problema —murmuró—. ¿Creíste que podías robarme lo mío?

Aisha intentó soltarse, pero Iván apretó más, con odio.

Mauricio sintió el viejo miedo subir: miedo a consecuencias, a escándalo, a perder control. Pero el veneno le había quemado algo adentro y lo dejó limpio.

—Suéltala. —La voz de Mauricio cortó el pasillo como navaja.

Iván se giró. La sangre se le fue de la cara.

—¿Tú…? No… tú estabas…

Mauricio no le dio tiempo. Dio un paso y le metió un puñetazo seco en la mandíbula.

El crujido se escuchó incluso con la música.

Iván cayó al suelo. Gritos. Celulares levantándose. Seguridad corriendo tarde.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.