Pero la verdadera bomba estaba por caer.
—El problema es que yo he estado tomando dinero, mamá —confesó Soledad.
El cuerpo de Rodrigo se tensó bajo las sábanas. Aquí está, pensó. La verdad.
—He estado tomando billetes pequeños de su cartera. Pero no es para mí. Los he estado guardando para comprarle un regalo de cumpleaños.
El mundo de Rodrigo se detuvo.
—Quería comprarle algo especial con mi propio dinero, no con el salario que él me da. He estado ahorrando moneda a moneda. Quería comprarle un marco de plata para la foto de su hijo. Sé que lo extraña terriblemente. Lo escucho llorar por las noches. El grabado dice: “El amor de un padre es eterno”. Pero ahora… ahora él se va a morir y nunca sabrá que alguien lo ama lo suficiente como para robarse su propio dinero para verlo sonreír.
En ese instante, la prueba de Rodrigo terminó, no porque él lo decidiera, sino porque su hipótesis había sido destrozada. Buscaba deslealtad y encontró un amor tan puro que lo avergonzaba.
La Llegada de los Buitres
La atmósfera de intimidad sagrada en la habitación se rompió violentamente con el sonido de automóviles llegando a la entrada de grava. El ruido de puertas cerrándose y voces exigentes llenó el vestíbulo.
—Señor Rodrigo —dijo Soledad, acercándose a la ventana con preocupación—. Hay varios carros. Uno tiene placas extranjeras.
Isabela. Su exesposa.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
