EL MILLONARIO SE ESCONDIÓ PARA VER CÓMO SU PROMETIDA TRATABA A SU MADRE… HASTA QUE LA EMPLEADA HIZO LO IMPENSABLE-DIUY-NANA

Su miedo no era culpa: era haber sido descubierta.

El teléfono sonó. Ricardo. Daniel contestó.

“¿Está hecho?” exigió la voz del hombre. “¿Arreglaste el acuerdo prenupcial?”

La verdad era innegable. Los paramédicos trasladaron a Elena al hospital. Isabella quedó atrás, su plan destruido.

Más tarde, Daniel se sentó junto a la cama de su madre, observando cómo respiraba. “Casi te pierdo,” susurró.

Elena le apretó la mano suavemente. “Confiaste porque tienes un buen corazón. Eso nunca fue tu culpa.”

“Llegaste,” susurró Elena. “Me salvaste.”

 

Daniel sostuvo su mano, respirando por primera vez desde que comenzó la pesadilla.

Marietta cubrió a Elena con una manta perfumada de lavanda y le aseguró en silencio que se recuperaría. La esperanza, pequeña pero real, finalmente regresaba.

Cuando Elena volvió a casa, la casa ya no parecía vacía, sino simplemente esperando en silencio.

Entonces llegó Lucía. Era cálida, tranquila y gentil, y su presencia cambió instantáneamente el ambiente.

Cuidaba de Elena con paciencia y respeto, escuchando sus historias, aliviando su dolor y haciendo que se sintiera segura nuevamente.

Marietta sonrió con complicidad. “Dios la envió.” Y Daniel también lo sintió.

Con el paso de las semanas, Lucía se convirtió en el corazón de la casa. Su amabilidad suavizó lo que estaba roto en él.

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