Diego Ramírez recoge a su hijo Sebastián de 9 años después de su fin de semana con su exesposa Patricia. Es domingo a las 7 de la noche. Sebastián sale de la casa de su madre caminando de forma extraña, muy despacio. Muy cuidadoso. Hijo, ¿estás bien? ¿Por qué caminas así? Estoy bien, papá. Solo cansado. Cansado.
¿Qué hicieron este fin de semana? Nada especial, solo estar en casa. Diego abre la puerta del carro. Sebastián mira el asiento con expresión de terror absoluto. Hijo, sube al carro. Sí, papá. Sebastián intenta sentarse y hace una mueca de dolor que no puede ocultar completamente. Se sienta en el borde del asiento, claramente tratando de no poner todo su peso.
Sebastián, ¿te duele algo? No, papá, estoy bien. Pero Diego ve como su hijo se mueve constantemente tratando de encontrar una posición que no duela. Durante el viaje de 20 minutos a casa, Sebastián nunca se recuesta completamente en el asiento, se mantiene inclinado hacia adelante. Cuando llegan a la mansión en Valencia, Sebastián sale del carro con movimientos extremadamente cuidadosos.
Hijo, necesito que me digas que te duele. Nada, papá. De verdad, estoy bien. No estás bien. Te vi hacer muecas de dolor todo el camino. Solo estoy un poco adolorido de jugar. ¿Jugar qué? Fútbol con mamá. Tu mamá no juega fútbol. Sebastián se congela atrapado en la mentira. Quiero decir, solo corriendo. Corrí mucho.
Diego siente una alarma creciendo. Sebastián, necesito que te revise un doctor. No, papá, no es necesario. Ya me siento mejor. Hijo, confía en mí. Algo no está bien. Esa noche, Diego observa a Sebastián durante la cena. El niño come de pie junto a la mesa. Cuando Diego le dice que se siente, Sebastián obedece, pero se sienta en el borde de la silla.
Después de 5 minutos se levanta con excusa de ir al baño. Diego lo sigue silenciosamente. Ve a Sebastián en el pasillo caminando con las piernas ligeramente abiertas como alguien que tiene dolor en el área del asiento. Diego toca la puerta del baño. Sebastián, necesito hablar contigo. Ya voy, papá. Solo un minuto. Cuando Sebastián sale, Diego se arrodilla para estar a su nivel.
Hijo, no estás en problemas, pero necesito que me digas la verdad. Te duele sentarte. Sebastián comienza a llorar. Papá, no puedo decirte. ¿Por qué no puedes decirme? Porque mamá dijo que si te cuento algo va a ser peor la próxima vez. El corazón de Diego se detiene. Eo, hijo, ¿qué te hizo tu mamá? No puedo decir papá.
Por favor, no me hagas decir. Sebastián, mírame. Sea lo que sea, vamos a solucionarlo. Pero necesito saber qué pasó. El niño llora más fuerte. Me pegó papa con un cinturón. Muchas veces me duele mucho. Diego siente una furia y un terror simultáneos. ¿Dónde te pegó? Sebastián señala hacia su trasero. Ey, y en las piernas dijo que era porque me porté mal.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
