Ethan sonrió somnoliento. "Porque te oí susurrar mi nombre", dijo. "Y lo sentí, justo aquí". Se llevó una pequeña mano al corazón.
Los ojos de Laura se llenaron de lágrimas. "Me salvaste, mi amor", dijo.
A partir de ese día, la familia Walker vivió de otra manera. Ya no daban por sentado el tiempo, el amor ni siquiera el silencio. Y aunque el mundo intentaba explicar lo sucedido a través de la ciencia y la casualidad, Michael y Laura creían que había algo más tras todo.
Lo llamaban el vínculo del amor: el latido invisible que conecta a una madre con su hijo, incluso cuando las palabras o la razón son insuficientes.
Años después, cuando le preguntaron a Ethan cómo supo que su madre lo necesitaba, siempre daba la misma respuesta sencilla:
"Simplemente escuché a mi corazón, y me dijo que ella seguía con nosotros".
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