"Querías dejarme tres millones discretamente.
Seamos maduros: eres responsable de tus decisiones".
Un par de meses después, recibí una notificación del banco: se había recalculado el calendario y se habían modificado las responsabilidades. Me senté en mi pequeña oficina, entre flores, mirando la pantalla, y por primera vez en mucho tiempo, no sentí ansiedad, sino... incluso pude respirar.
No me hice más rico gracias a esta historia.
Me hice más libre.
Y cuando alguien me volvió a decir: "Bueno, eres fuerte", sonreí y respondí:
"Sí. Pero ahora mi fuerza no es para pagar a alguien más. Es para protegerme a mí mismo".
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