«¡Siempre lo exageras todo! Tienes un negocio, tiendas, rebajas, tus flores... Puedes con ello».
«Ah, eso es todo», sentí una calma gélida brotar de mi interior. «Puedo con ello porque soy fuerte. ¿Y te vas porque estás... cansada?» Vitaly suspiró, fingiendo angustia:
"Nina, no conviertas esto en una guerra. Sveta está embarazada".
Las palabras resonaron en la habitación como un ladrillo. Algo crujió en mi pecho.
"Felicidades", dije con voz apagada. "Solo que nosotros también tenemos un 'hijo'. Tres millones. Y es mío".
Vitaly me miró como si fuera una molestia en su nuevo proyecto.
"Mañana pediré el divorcio", dijo. "Y no nos pongamos histéricos. No voy a pasar la noche aquí".
Salió al pasillo. Lo oí abrir el armario, el crujido de sus camisas. Entonces la puerta se cerró de golpe, y el apartamento quedó tan silencioso que incluso el refrigerador sonó más fuerte.
Me dejé caer en el borde de la cama y, por primera vez en años, no lloré. No porque no me doliera. Sino porque el dolor se había vuelto demasiado evidente.
Etapa 2 – "Tres millones no se trata de dinero, se trata de traición" (cuando empiezas a contar pruebas, no rublos)
Esta mañana me desperté sintiéndome como si me hubieran dado una paliza toda la noche. Preparé café en la cocina, donde todo me resultaba familiar y, de repente, extraño. Puse la taza sobre la mesa y abrí la app del banco. Tres millones. El saldo restante. El calendario de pagos. Todo estaba claro como un libro de texto.
Y entonces recordé: cuando solicitamos el préstamo, Vitaly insistió en tener acceso también a mi banca online. "Por si acaso", dijo. "Para poder pagar a tiempo, para que no te pongas nervioso".
Me levanté bruscamente, encendí el portátil y entré en la configuración.
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