Él pidió el divorcio, olvidándose del préstamo a mi nombre.

"Nina, no te inventes nada. Solo quería conocerme."

Tengo miedo.

"Entonces dile", mi voz se volvió fría, "que mi negocio no es el trofeo de tu familia. Que busque un escenario en otro lugar".

Suspiró irritado:

"Estás complicando las cosas. Acordamos: tú firmas el acuerdo para dividir el apartamento, nosotros transferimos la propiedad y yo me hago cargo de una parte del préstamo".

"¿Una parte?", reí entre dientes. "Te llevaste el dinero para tu negocio. Así que te haces cargo de todo el préstamo".

"No vas a demostrar nada", dijo en voz baja, y había algo muy familiar en ese silencio: la seguridad de un hombre acostumbrado a presionar a los demás.

"Ya veremos", respondí. "Lo veremos en el juicio".

Colgué.

Me temblaban las manos, pero ya no era debilidad. Era la tensión antes de un golpe.

Etapa 4 – "El abogado y las tres preguntas" (cuando te están reconstruyendo pieza por pieza)
El abogado se llamaba Artyom Nikitich. No era pomposo ni llevaba reloj de oro. Se sentó frente a mí en una pequeña oficina y me dijo:

"Nina, estás en shock. Así que vamos a hacer tres cosas. Cálmate".

"¿Cuáles son?"

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