El pobre estudiante se subió al coche equivocado, sin saber que pertenecía a un multimillonario.

Se me paró el corazón.

—Por nosotros.

Se arrodilló.

No apareció.

—Helena Torres, ¿quieres elegir tu propio camino… a mi lado?

—Sí.

Hoy terminé mi carrera.

Abrí mi propia consultora estratégica.

Gabriel sigue siendo el director ejecutivo.

Pero ahora también es mi socio.

Mi mejor amigo.

Mi amor.

A veces, cuando me subo a su coche después de un largo día, sonríe y me pregunta:

—¿Vas a dormir o vas a comprobar la matrícula esta vez?

Y yo le respondo:

«Si es contigo, hasta puedo roncar».

Y él siempre se ríe.

Y ya no hay vergüenza.

Sola en casa.

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