Quince años atrás, Anatoly había llegado a su vida como un hombre sin pasado ni futuro. Modesto, servicial, con una mirada hambrienta. Sabía decir las palabras adecuadas y el silencio adecuado. Tamara se estaba recuperando de la muerte de su madre; cargaba con el negocio familiar, la responsabilidad de su padre, los empleados, el apellido. Era fuerte y solitaria.
Anatoly estaba allí. No exigió, no insistió. Era como si se hubiera fundido en su vida, ocupando poco a poco más espacio. Ella lo permitió. Porque quería creer.
Con el tiempo, él cambió. Seguro de sí mismo. Duro. Frío. Se hizo cargo del negocio casi imperceptiblemente, bajo la apariencia de cuidado, eficiencia, un enfoque moderno. Ella cedió. Porque amaba. Porque estaba cansada. Porque enfermaba a menudo.
Los medicamentos llegaron después. Primero, el insomnio. Luego, el corazón. Luego, un vacío interior que nada llenaba.
Lo entendía todo. Pero permaneció en silencio.
Hasta hoy.
El anfitrión de la celebración brindó, los invitados aplaudieron, Stepan Ilich, su padre, permaneció sentado con las manos juntas, sonriendo apenas. Sintió que su viejo corazón decía la verdad. Y entonces Anatoly se levantó.
Tomó el micrófono.
La sala quedó en silencio.
Clímax
Se enderezó y miró a los invitados, como para comprobar que todos estuvieran en su sitio. Luego se volvió hacia Tamara. No había duda en sus ojos. Solo una fría satisfacción.
"Tamara", empezó en voz alta, clara, sin un temblor en la voz. "He esperado este día durante quince años".
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
