El salón de la Casa de la Cultura estaba sofocante. El aire era…

Un día, se sorprendió riendo, sin motivo. Sin motivo. Y no le tenía miedo.

A veces el pasado volvía en sus sueños. Anatoly, el pasillo, el micrófono. Se despertaba y miraba al techo un buen rato. Luego se levantaba y seguía adelante.

Quince años de dolor no desaparecen de inmediato.

Pero deja de controlar la vida.

El final de esta historia no fue rotundo.

Sin aplausos.

Sin venganza.

Simplemente, una mujer dejó de ser víctima.

Y comenzó a vivir.

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