El sesenta y nueve cumpleaños no estaba previsto que se celebrara

"¿Qué. Había. Dentro?"

Se pasó la mano por la cara.

Resultó que no era un regalo.

Era una forma.

Una forma de hacerme sentir mal. "Accidentalmente." "Impredeciblemente." Llevaba mucho tiempo diciéndole a Laura que lo presionaba, que me entrometía, que lo hacía sentir culpable. Que yo era una pesada carga del pasado que le impedía vivir una vida "normal".

No me reconocía en esa descripción. Pero, al parecer, vivía con esa misma imagen de su madre.

Quería que todo pareciera una causa natural. Edad. Corazón. Accidente.

No pretendía hacerles daño a los niños.

Simplemente estaba seguro de que yo sería la única que se comería los dulces.

El hijo que mecía en mis brazos, que se sentaba junto a su cuna por la noche, que le enseñaba a atarse los cordones, que lo consolaba después de sus primeras raspaduras en las rodillas, que decidía que el mundo sería un lugar mejor sin mí.

Y no me equivoqué en mis cálculos.

Era que aún conservaba la costumbre de compartir.

Conclusión

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