¡EL SILENCIO QUE DESTROZÓ A TODO UN BATALLÓN! Se burlaron de ella por su ropa vieja y su mirada tranquila, pero cuando su playera se rasgó en combate, el tatuaje prohibido en su espalda hizo que el Comandante cayera de rodillas: ¡Nadie sabía que la “niña perdida” era en realidad la leyenda viva más buscada por las fuerzas especiales!

Olivia Mitchell entró al patio de entrenamiento con una playera deslavada, una mochila gastada y el cabello amarrado bajo, como si fuera una trabajadora de logística que se metió donde no debía. Las carcajadas estallaron.

—¿Ya reclutan voluntarias de “backstage”? —soltó alguien.

El capitán Harrow, una montaña con voz de trueno, la miró de arriba abajo como si ya hubiera decidido romperla el primer día.

—¿Cuál es tu asunto? —le ladró. —Soy cadete, señor —respondió ella, sin titubear. —Entonces ponte en fila. Y no me hagas perder el tiempo.

En el comedor, Olivia se sentó sola, en una esquina. No buscaba amigos. No buscaba aprobación. Pero eso, en un lugar lleno de egos, es como echar gasolina al fuego. Derek, con corte militar y sonrisa de abusivo, se plantó frente a su mesa.

—Esto no es comedor comunitario, “niña perdida”. ¿No venías a lavar platos?

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