EL ÚLTIMO PROTOCOLO

Javier se derrumbó. Lágrimas gruesas le corrieron por la cara. Lloró por Sofía, por la rabia, por el tiempo perdido. Lloró hasta que no le quedó nada más que la promesa.

V. SIETE DÍAS, TODO O NADA
Cuando Verónica regresó, lo encontró cambiado. No el dictador vigilante, sino un hombre quebrado que buscaba una brinch.

“Verónica,” dijo Javier. Su voz era firme. “Te voy a dar siete días. Siete días para demostrarme que lo que haces funciona. Si no cambia nada, volvemos a mi protocolo. Si cambia, confío en ti”.

“Siete días es todo lo que necesito,” sonrió ella.

Verónica trajo a Elena. Fisioterapeuta. Especialista en estimulación neurológica infantil. Una mujer que no aceptaba los diagnósticos sin cura.

Elena examinó a Lucas. Presionó levemente su pie. “Señor Javier, mire esto.”

El pie reaccionó. Débil, pero reaccionó.

“Todavía existe conexión neural,” dijo Elena, con una calma brutal. “No es fuerte, pero está viva. Podemos trabajar con eso.”

Javier recordó al Dr. Ramírez diciendo que era imposible. Elena lo miró con seriedad. “El Doctor Ramírez se rinde demasiado rápido. Yo no.”

El plan era un asalto total a la parálisis. Ejercicios, estímulos sensoriales, masajes profundos, música. Todo documentado.

El riesgo era real. Si el Dr. Ramírez se enteraba, podían acusar a Elena de ejercicio ilegal. Javier de negligencia.

“Yo asumo el riesgo,” dijo Elena. “¿Y usted?”

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