Yo nunca había mencionado la altura.
Ahí supe que no me equivocaba.
Con los días, empecé a reconstruir lo ocurrido. Descubrí que Sergio estaba endeudado, desesperado, enfrentando una denuncia por fraude fiscal. Si mi hija moría —y Lucas conmigo—, él heredaría una propiedad familiar valorada en millones.
Pero algo había salido mal. Mi hija estaba de viaje ese fin de semana. Así que improvisó.
Nos llevó al acantilado.
Intentó empujarnos.
No contó con que yo sobreviviría.
En silencio, contacté a un abogado. Le entregué todo: mensajes, movimientos bancarios sospechosos, grabaciones de voz antiguas donde Sergio hablaba de “soluciones definitivas”. La policía reabrió el caso como intento de homicidio.
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