El viento rugía cuando caímos. Sentí el cuerpo de mi nieto golpeando contra mí antes de que todo se volviera negro

Sergio fue condenado por intento de homicidio agravado. Perdió todo: la custodia, la herencia, la libertad. Mi hija tardó meses en aceptar que el hombre con el que compartió su vida era capaz de algo así.

Lucas también tardó en volver a sonreír sin miedo.

Hoy vivimos juntos. Nos mudamos lejos del mar. A veces, cuando el viento sopla fuerte, Lucas me aprieta la mano. Yo se la aprieto de vuelta.

Ambos sabemos que ese día, en el fondo del acantilado, no solo sobrevivimos a una caída.

Sobrevivimos a una traición.

Y aprendimos que, a veces, hacerse el muerto es la única forma de seguir con vida… hasta que llega el momento de decir la verdad.

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