Mi abuelo no tenía pensión, ni ahorros, ni una red de seguridad esperándolo al final de su vida.
Lo único que tenía era tiempo, un cuerpo cada vez más débil y una familia que poco a poco iba perdiendo la paciencia.
Durante doce años, fui yo quien se ocupó de él casi por completo.
No porque fuera la más fuerte, sino porque fui la que se quedó.
Su nombre era Samuel.
Un hombre amable, moldeado por toda una vida de decepciones silenciosas.
La vida nunca lo recompensó.
Solo le exigió resistencia.
Cuando su salud empezó a deteriorarse, se mudó a nuestra casa.
Al principio, parecía algo temporal.
Unas semanas se convirtieron en meses.
Los meses se transformaron en años.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
