De alguna manera, la responsabilidad cayó sobre mis hombros sin que nadie lo discutiera.
Sin anuncios. Sin acuerdos. Solo expectativa.
Al principio me decía a mí misma que así era el amor.
Que las buenas nietas no se quejan.
Reorganicé mi horario.
Luego mis prioridades.
Luego toda mi vida.
Las visitas al médico se volvieron rutina.
Las noches sin dormir, algo normal.
Aprendí nombres de medicamentos más rápido de lo que aprendí a descansar.
Aprendí a escuchar su respiración en la oscuridad.

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