Lo ayudé a comer cuando sus manos temblaban demasiado.
Lo ayudé a vestirse cuando los botones se volvieron imposibles.
Lo ayudé a caminar cuando sus piernas lo traicionaban.
Lo ayudé a respirar cuando el miedo le apretaba el pecho.
Cada pequeña tarea parecía necesaria.
Cada repetición se sentía más pesada.
Mis amigos avanzaban con sus vidas.
Carreras que progresaban. Relaciones que nacían.
Mientras tanto, mis días se difuminaban en el mismo ciclo.
Cuidar. Limpiar. Consolar. Repetir.
Amaba profundamente a mi abuelo.
Eso nunca cambió.
Pero el amor no me protegió del agotamiento.
Y el agotamiento no me protegió del resentimiento.
Me odiaba por sentirme atrapada.
Me odiaba por desear, a veces, que todo simplemente terminara.
No él.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
