"¿De verdad te vas?"
No respondió.
Fue a casa de Oksana. Oksana la abrazó en silencio en la puerta, sin hacer preguntas, como si ya lo entendiera todo.
Durante los primeros días, Lena simplemente durmió. Su cuerpo por fin se permitía descansar. Luego, poco a poco, empezó a recobrar el sentido. Cada mañana, su respiración se hacía un poco más fácil, aunque por dentro todavía estaba...
El dolor era intenso; no por la pérdida de Andrey, sino por el tiempo que había permitido que la trataran así.
Andrey escribió. Primero culpó, luego suplicó, y luego volvió a enojarse. Dijo que su madre estaba llorando, que sus familiares estaban heridos, que ella había destruido a la familia. Pero ni un solo mensaje contenía las palabras: "Siento que haya sido tan difícil para ti".
Y Lena lo vio.
Una semana después, llegó. Se quedó en la puerta del apartamento de Oksana, con el rostro cansado.
"Vuelve", dijo. "Lo arreglaremos de alguna manera".
Lena lo miró y de repente se dio cuenta: ya no sentía nada por él. Ni amor ni odio. Solo un cansancio distante.
"Lo arreglamos, ¿seré yo la que vuelva a cocinar, aguantar y callar?", preguntó en voz baja. "¿Y pensarás que así debe ser?"
No pudo encontrar una respuesta.
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