Ella dejó de sentirse cómoda y pagó un precio demasiado alto por ello.

"Ya no puedo más, Andrey."

Se fue sin dar un portazo. Simplemente dio media vuelta y bajó las escaleras, como si algo finalmente se hubiera roto en su interior.

Lena volvió a la vida poco a poco. Encontró un estudio alquilado, pequeño, pero suyo. Compró muebles baratos y los dispuso a su gusto. Cocinaba solo para ella. Volvió a casa y se encontró con el silencio.

Y en ese silencio, por primera vez, no se sintió vacío, sino en paz.

A veces pensaba en Andrey, en sus padres, en aquella cocina donde había llorado sobre la sartén. Esos recuerdos ya no le dolían; eran cosa del pasado.

Lena ya no se sentía cómoda.

Era libre.

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