¿Quieres saber lo más irónico de todo?, Cecilia preguntó mientras Nicolás extraía cuidadosamente al bebé de su vientre. Mi primer caso en Mendoza en asociados va a ser una demanda por negligencia médica contra el Hospital San Rafael. Aparentemente hay un cirujano aquí que ha estado discriminando pacientes basándose en su capacidad de pago.
Las manos de Nicolás se congelaron completamente. El bebé estaba en sus brazos respirando, llorando, perfectamente saludable, pero él no podía moverse. Cecilia acababa de revelar que no solo tenía el conocimiento legal para destruir su carrera, sino que ya estaba trabajando en un caso que podría hacer exactamente eso. No te preocupes, Cecilia añadió con una ironía devastadora.
Esa investigación comenzará después de que termine mi licencia de maternidad. Por ahora, solo quiero que termines este procedimiento y salves a mi hijo. Nicolás miró al bebé en sus brazos, un niño perfecto con el cabello oscuro de Cecilia y sus propios ojos verdes, y se dio cuenta de que estaba sosteniendo la única conexión que le quedaba con la mujer que había destruido su vida por completa estupidez.
Es un niño”, anunció con una voz quebrada. “Es perfecto, mi hijo.” Cecilia corrigió con una firmeza que no dejaba lugar a interpretaciones. Su nombre será Santiago Morales. Solo Morales. Cada detalle había sido planeado meticulosamente. Cecilia no solo había reconstruido su vida durante estos 9 meses, había construido una nueva identidad que no incluía ningún rastro de Nicolás Herrera.
Mientras terminaba de suturar la incisión quirúrgica, Nicolás se enfrentó a la ironía más cruel del destino. Había salvado exitosamente las dos vidas más importantes para él, pero al hacerlo había confirmado definitivamente que había perdido a ambas para siempre. Cecilia ya no era la mujer vulnerable que había expulsado de su casa.
era una abogada especializada en casos médicos con el poder de destruir todo por lo que él había trabajado, y su hijo llevaría solo el apellido de ella, borrando completamente su existencia legal como padre. La operación había sido un éxito médico perfecto, pero para Nicolás Herrera había sido la confirmación final de su fracaso más devastador como ser humano.
El silencio que siguió al primer llanto del bebé fue tan profundo que Nicolás podía escuchar el sonido de su propia alma fragmentándose en millones de pedazos irreparables. Santiago Morales. Ya no Santiago Herrera, sino Santiago Morales, lloraba en sus brazos con una fuerza vital que contrastaba brutalmente con la muerte emocional que él mismo estaba experimentando.
Sus manos, que habían realizado cientos de cirugías con precisión robótica, ahora temblaban mientras sostenía al hijo que técnicamente había salvado, pero que legalmente había perdido antes de conocer. Durante 35 años de vida, Nicolás había operado bajo la creencia absoluta de que el éxito profesional era sinónimo de superioridad humana.
Ahora, mirando a este bebé perfecto que llevaba únicamente el apellido de su madre, se enfrentaba a la realización más devastadora de su existencia. Había ganado la batalla médica, pero había perdido la guerra de su propia humanidad. “¿Puedo sostenerlo?”, Cecilia preguntó con una voz que había recuperado toda su fuerza maternal, como si el nacimiento exitoso de su hijo hubiera restaurado completamente su poder.
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