ELLA ESTABA A PUNTO DE DAR A LUZ… Y EL DOCTOR ERA SU EX ESPOSO, ÉL HIZO ALGO INCREÍBLE

La mujer que había expulsado de su vida por celos infundados había regresado para mostrarle exactamente lo que había perdido, y esta vez no había vuelta atrás. El silencio que siguió a las palabras de Cecilia fue tan denso que Nicolás podía escuchar el latido de su propio corazón resonando como tambores de guerra en sus oídos.

Por primera vez en 35 años de vida se encontraba completamente sin palabras, sin defensas, sin la armadura de arrogancia que había construido meticulosamente durante décadas como el cirujano más prestigioso de la ciudad. Sus manos temblaron ligeramente mientras se aferraba al estetoscopio, tratando de encontrar algo sólido en un mundo que de repente se había vuelto líquido e inestable.

La mujer que había estado frente a él ya no era simplemente su exesposa. Era un espejo brutal que reflejaba todo lo que él había perdido, todo lo que nunca había valorado y todo lo que jamás podría recuperar con sus 8 millones de dólares. ¿Cuánto tiempo llevas en trabajo de parto? Nicolás preguntó con una voz que apenas reconocía como suya, intentando refugiarse en el protocolo médico para evitar el colapso emocional que amenazaba con destruirlo. 12 horas.

Cecilia respondió entre respiraciones entrecortadas, su voz manteniendo esa frialdad profesional que le partía el alma. Comenzó anoche, pero quise esperar hasta estar segura de que era necesario venir al hospital. Cada palabra era como una gota de ácido cayendo sobre el alma de Nicolás.

Se dio cuenta de que durante 12 horas Cecilia había estado sufriendo sola, preparándose para traer al mundo a su hijo sin nadie que la apoyara. Durante 12 horas, mientras él estaba en su mansión de cinco habitaciones cenando langosta importada y bebiendo vino de ,000, ella había estado enfrentando el momento más importante de su vida, completamente abandonada.

¿Tienes acompañante? ¿Alguien que esté contigo?, preguntó, aunque una parte de él ya no quería escuchar la respuesta. No necesito a nadie”, Cecilia, declaró con una firmeza que sonaba ensayada, como si hubiera practicado esas palabras durante meses. “He aprendido a no depender de nadie más que de mí misma.” La declaración golpeó a Nicolás como una bofetada directa.

Era exactamente el tipo de comentario que él mismo habría hecho durante años, presumiendo de su independencia, de su autosuficiencia, de no necesitar a nadie. Ahora, escuchándolo de los labios de la mujer, que una vez lo había amado incondicionalmente, se daba cuenta de cuán vacía y desesperada sonaba esa filosofía. Mientras comenzaba el examen médico, Nicolás no pudo evitar notar los cambios en el cuerpo de Cecilia.

Su vientre estaba marcado con las líneas plateadas del embarazo. Sus senos habían crecido para prepararse para lactancia. Su rostro tenía la plenitud característica de una mujer que había llevado una vida durante 9 meses. Era hermosa de una manera completamente nueva, más madura, más fuerte, más completa y él se había perdido cada segundo de esa transformación. “El bebé está en posición de nalgas.

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