Ella fingió no saber de la infidelidad de su marido durante 6 meses... hasta que, en el cumpleaños de la amante, ella...

Con un médico de confianza, fingió la pérdida. Lloró de verdad, porque ninguna mentira es ligera cuando implica un sueño. Y, bajo el dolor, trabajó. Cámaras pequeñas, capturas de pantalla, audios. Descubrió que Nayara estaba embarazada de Eduardo. Descubrió que Bárbara también formaba parte del juego. Y descubrió lo peor: Doña Celeste no solo lo sabía… sino que lo orquestaba.

Hasta que un video lo cambió todo. Bárbara acusó: "Siempre la preferiste a ella, la adoptada".

Lívia se quedó paralizada. La palabra la quemó. ¿Adoptada?

Doña Celeste respondió, sin remordimientos: "La saqué de la Maternidad São Gabriel en 1989. La registré como mía. Era eso o morir de hambre".

Lívia sintió que se le abría el camino, pero, en medio de la desesperación, nació una idea: ¿y si alguien la buscaba?

En los archivos antiguos, una nota: "Bebé desaparecido. Madre sobrevivió. Denuncia presentada". En la comisaría, el investigador confirmó: "Todos los años regresa. Nunca se rindió". Y le dio un contacto: Marina y Osvaldo.

Cuando Lívia vio a Marina, reconoció sus propios ojos. No necesitaba pruebas. El abrazo explicaba décadas. Entre lágrimas, Lívia relató el plan, las amenazas, la empresa que Eduardo quería adquirir, su padre adoptivo, Rafael, asesinado de forma "conveniente".

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