Carmen, tienes que dejar de torturarte con estas cosas, le decía su madre. Los doctores dicen que necesitas enfocarte en el presente, en tu recuperación. Pero Carmen sentía que entender lo que había pasado era esencial para su proceso de sanación. No puedo seguir adelante sin saber qué les pasó a mis compañeros”, respondía, “Necesito entender por qué yo fui la única que se salvó.” Un año después de la desaparición, Carmen había crecido y madurado considerablemente. Ya no era la adolescente tímida y despreocupada que había subido al autobús escolar esa mañana de marzo.
El trauma la había forzado a desarrollar una perspectiva más profunda sobre la vida, la pérdida y los misterios que no siempre pueden ser resueltos. había decidido dedicar su vida a ayudar a otras personas que habían experimentado traumas similares. Estudiaría psicología, se especializaría en terapia de trauma y usaría su propia experiencia para ayudar a otros sobrevivientes a procesar experiencias inexplicables. Tal vez nunca sepamos exactamente qué pasó esa noche”, le dijo al doctor Martínez durante una de sus últimas sesiones regulares de terapia, “pero puedo usar mi experiencia para ayudar a otras personas que han pasado por situaciones similares.” El doctor Martínez sonrió con aprobación.
Eso muestra una madurez emocional extraordinaria, Carmen. Has transformado tu trauma en una fuerza positiva. Sin embargo, Carmen nunca abandonó completamente la esperanza de encontrar respuestas. Mantenía correspondencia con investigadores de fenómenos anómalos. seguía cualquier pista nueva que surgiera relacionada con su caso y documentaba meticulosamente cualquier nuevo recuerdo o detail que emergiera de su subconsciente. 5 años después de la desaparición, Carmen recibió una llamada telefónica que cambiaría nuevamente su perspectiva sobre los eventos de esa noche terrible. Un hombre que se identificó como Dr.
Miguel Sánchez, investigador del Instituto Nacional de Investigaciones Nucleares, le dijo que tenía información relevante sobre su caso. “Señorita Vázquez”, le dijo el doctor Or Sánchez, “He estado revisando datos de radiación electromagnética recolectados en marzo de 1991 y he encontrado algunas anomalías en la región donde ocurrió su experiencia. Me gustaría reunirme con usted para discutir estos hallazgos. Carmen accedió inmediatamente a la reunión. Había aprendido a mantener expectativas realistas, pero cualquier nueva información era bienvenida después de tantos años de incertidumbre.
El doctor Sánchez resultó ser un científico serio y respetado, especializado en fenómenos electromagnéticos atmosféricos. Sus datos mostraban que en la noche del 15 al 16 de marzo de 1991 se habían registrado fluctuaciones electromagnéticas extraordinarias en un área de aproximadamente 50 km² que incluía exactamente la zona donde había sido encontrado el autobús escolar. Estas fluctuaciones son similares a las que se observan durante tormentas geomagnéticas severas”, explicó el doctor Sánchez. Pero esa noche no hubo ninguna tormenta solar que pudiera causarlas.
Las condiciones geomagnéticas eran completamente normales en todo el planeta. Carmen escuchaba con atención creciente. “¿Qué podría causar ese tipo de fluctuaciones?” Esa es la pregunta del millón, respondió el científico. En condiciones normales, necesitaríamos una fuente de energía electromagnética masiva. Podría ser equipo militar experimental, podría ser un fenómeno natural que no entendemos completamente o podría ser algo más. El Dr. Sánchez le mostró a Carmen gráficos y datos que documentaban las anomalías electromagnéticas. Los patrones eran complejos y claramente no aleatorios, lo que sugería algún tipo de fuente inteligente o tecnológica.
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