“¿Cree usted que esto está relacionado con lo que nos pasó?”, preguntó Carmen. “No puedo afirmarlo con certeza científica,”, respondió el doctor Sánchez. “Pero la coincidencia temporal y geográfica es extraordinaria. Si hubiera una relación causal, podría explicar algunos aspectos de su experiencia. Esta nueva información proporcionó a Carmen una sensación de validación que no había experimentado en años. Finalmente, había evidencia científica objetiva de que algo inusual había ocurrido esa noche, algo que iba más allá de su testimonio personal.
Carmen decidió hacer pública esta nueva información. contactó a periodistas que habían seguido su caso durante los años anteriores y organizó una conferencia de prensa donde el Dr. Sánchez presentó sus hallazgos. La revelación de las anomalías electromagnéticas reavivó el interés público en el caso. Nuevos investigadores se involucraron, se formaron equipos interdisciplinarios que incluían físicos, psicólogos, investigadores de fenómenos aéreos anómalos y expertos en tecnología militar. Sin embargo, incluso con esta nueva evidencia, el destino de los 33 desaparecidos permanecía como un misterio completo.
Las anomalías electromagnéticas probaban que algo extraordinario había ocurrido, pero no explicaban qué había pasado específicamente con las personas que habían desaparecido. Carmen, ahora ya graduada en psicología y trabajando como terapeuta especializada en trauma, había encontrado una forma de vivir con la incertidumbre. Había aprendido que no todas las preguntas tienen respuestas y que a veces la sanación viene de aceptar el misterio en lugar de resolverlo. Estableció una fundación sin fines de lucro, dedicada a ayudar a familias de personas desaparecidas en circunstancias misteriosas.
La Fundación Lucía Hernández, nombrada en honor a su mejor amiga desaparecida, proporcionaba apoyo psicológico, recursos legales y investigación independiente para casos similares al suyo. Mi experiencia me enseñó que el trauma puede destruirte o puede transformarte, decía Carmen en las conferencias que daba sobre supervivencia y sanación. Elegí la transformación no porque fuera fácil, sino porque era la única manera de honrar la memoria de las personas que perdí. 30 años después de los eventos de 1991, Carmen seguía viviendo en Tlaxcala, ahora casada con un maestro de escuela y madre de dos hijos.
Su fundación había ayudado a cientos de familias a lidiar con desapariciones misteriosas y su trabajo había contribuido a cambios en los protocolos oficiales de investigación para casos de personas desaparecidas. Ocasionalmente, Carmen aún recibía llamadas de investigadores, periodistas o personas que afirmaban tener nueva información sobre su caso. Evaluaba cada pista con la esperanza cautelosa que había desarrollado a lo largo de los años. En 2021, 30 años exactos después de la desaparición, Carmen organizó una ceremonia conmemorativa en Tlaxcala.
Las familias de los desaparecidos, ahora envejecidas por tres décadas de dolor y esperanza, se reunieron para recordar a sus seres queridos y para honrar la memoria de esa experiencia que había marcado sus vidas para siempre. No sabemos qué pasó esa noche de marzo de 1991”, dijo Carmen durante la ceremonia. Pero sabemos que 33 personas extraordinarias tocaron nuestras vidas y permanecen en nuestros corazones. Su misterioso destino nos ha enseñado sobre la fragilidad de la vida, la importancia del amor y la capacidad humana para encontrar significado incluso en la ausencia de respuestas.
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