Ella fue la única que volvió del viaje escolar en 1991 — lo que contó nadie pudo explicarlo….

“Necesitamos comunicarnos inmediatamente con las autoridades de Tlaxcala y con la policía estatal. El problema era que San Pedro Nexapa era una comunidad muy pequeña y aislada. No tenían teléfono y la estación de policía más cercana estaba a más de 30 km de distancia. Don Jacinto decidió enviar a su hijo mayor, un joven de 20 años con una motocicleta, para que fuera a reportar la situación a las autoridades competentes. Mientras tanto, Carmen se quedó en casa de doña Rosa, quien la alimentó con frijoles refritos, tortillas recién hechas y café de olla.

La bondad de esta mujer desconocida la tranquilizó un poco, pero la angustia por la desaparición de sus compañeros y maestros la mantenía en un estado de tensión constante. “No te preocupes, hijita”, le decía doña Rosa mientras la consolaba. “Seguramente hay una explicación para todo esto. Tal vez hubo algún problema con el autobús y fueron a buscar ayuda y por alguna razón no te despertaron.” Pero Carmen sabía que esa explicación no tenía sentido. ¿Por qué la habrían dejado sola y dormida en el autobús?

Porque no había ninguna nota explicando lo que había pasado y por qué el autobús había aparecido en una carretera completamente diferente a la ruta que debían haber seguido hacia Teotihuacán. Hacia el mediodía llegaron las primeras autoridades, dos agentes de la Policía Judicial del Estado de México, acompañados por el hijo de don Jacinto. Los policías, el sargento Ramírez y el oficial González escucharon el testimonio de Carmen con escepticismo inicial que gradualmente se transformó en preocupación genuina cuando revisaron los detalles de su historia y confirmaron la existencia del autobús escolar.

abandonado. “Necesitamos ir al lugar donde encontraste el autobús,” le dijo el sargento Ramírez a Carmen. “¿Podrías llevarnos hasta ahí?” Carmen asintió, aunque la perspectiva de regresar al lugar donde había pasado la noche más aterradora de su vida, la llenaba de aprensión. subió a la patrulla junto con los dos policías y don Jacinto y comenzaron el recorrido hacia el lugar donde había dejado el autobús escolar. Cuando llegaron al sitio, encontraron el vehículo exactamente como Carmen lo había descrito, las puertas abiertas, el motor frío, pertenencias dispersas en los asientos, pero ninguna señal de las 34 personas que habían desaparecido.

Los policías comenzaron inmediatamente una inspección detallada del autobús y de los alrededores. que encontraron intensificó el misterio en lugar de resolverlo. No había señales de lucha o violencia dentro del autobús. Las pertenencias de los estudiantes y maestros estaban dispersas de manera que parecía natural, como si simplemente hubieran sido abandonadas. No había huellas de sangre, no había vidrios rotos, no había señales de que el vehículo hubiera sido forzado o atacado. Más desconcertante aún era la ubicación del autobús.

Según los mapas que llevaban los policías, esa carretera no estaba en la ruta directa entre Tlxcala y Teotihuacán. De hecho, para llegar a ese lugar, el autobús habría tenido que desviarse considerablemente de su ruta planeada, tomar varias carreteras secundarias y adentrarse en una zona montañosa que no tenía ninguna relación con el destino original del viaje. ¿Estás segura de que esto es exactamente como encontraste el autobús?, le preguntó el oficial González a Carmen. No has movido nada. No has tocado nada.

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