Solo revisé si había alguien adentro y tomé mi suéter de mi mochila”, respondió Carmen. Todo lo demás está igual a como lo encontré cuando desperté. Los policías documentaron la escena con fotografías y comenzaron a buscar pistas en los alrededores del autobús. Revisaron la vegetación cercana buscando señales de que un grupo de personas hubiera caminado por ahí, pero el suelo rocoso y la densa vegetación no revelaron huellas claras. Mientras tanto, el sargento Ramírez usó su radio para comunicarse con sus superiores y reportar la situación.
En cuestión de horas, el caso había escalado a las autoridades estatales y federales. La desaparición de 34 personas, incluyendo menores de edad, era un asunto de la máxima seriedad que requería una investigación exhaustiva y coordinada. Hacia la tarde del mismo día comenzaron a llegar más autoridades, detectives de la policía judicial, agentes del Ministerio Público, peritos criminalistas y efectivos de la Policía Estatal. También llegó un representante de la Secretaría de Educación Pública preocupado por las implicaciones del caso para el sistema educativo del Estado.
Carmen fue trasladada a Toluca, la capital del Estado de México, donde fue sometida a interrogatorios más detallados. Los investigadores necesitaban entender cada detalle de lo que había ocurrido desde el momento en que salieron de Tlaxcala hasta el momento en que ella despertó sola en el autobús. “Necesitamos que nos cuentes todo una vez más desde el principio”, le dijo el detective encargado del caso, un hombre de mediana edad llamado Inspector Herrera. Por más insignificante que te parezca un detalle, podría ser importante para encontrar a tus compañeros.
Carmen relató nuevamente toda la historia, la preparación del viaje, la salida temprano por la mañana, la parada en la gasolinera de San Martín, Texmelucán, la extraña somnolencia que había experimentado junto con todos sus compañeros, su despertar solitario en el autobús abandonado. Cada vez que contaba su historia, los detalles permanecían consistentes, lo que tranquilizaba a los investigadores sobre la veracidad de su testimonio. Sin embargo, había aspectos de su relato que resultaban extremadamente difíciles de explicar. ¿Cómo era posible que 33 personas hubieran desaparecido sin dejar rastro?
¿Qué había causado esa somnolencia súbita y colectiva que Carmen describía? ¿Y por qué el autobús había terminado en una carretera que no estaba en su ruta original? Los investigadores comenzaron a considerar varias teorías. La primera era la posibilidad de un secuestro masivo, pero ¿qué grupo criminal tendría la capacidad logística para secuestrar a 33 personas simultáneamente? y transportarlas sin dejar rastro. Además, ningún grupo había reclamado responsabilidad o había hecho demandas de rescate. La segunda teoría era la posibilidad de algún tipo de accidente o emergencia que hubiera forzado a todos a abandonar el autobús.
Pero, ¿por qué habrían dejado a Carmen dormida? ¿Y hacia dónde habrían ido en medio de esa zona montañosa y despoblada? La tercera teoría que nadie se atrevía a mencionar abiertamente, pero que rondaba en la mente de varios investigadores, era que Carmen estuviera mintiendo u ocultando información importante. Sin embargo, todas las evaluaciones psicológicas indicaban que era una adolescente normal, sin tendencias hacia la mentira patológica o la fantasía, y su angustia por la desaparición de sus compañeros parecía completamente genuina.
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