Ella fue la única que volvió del viaje escolar en 1991 — lo que contó nadie pudo explicarlo….

Mientras tanto, en Tlaxcala, la noticia de la desaparición había causado conmoción en la comunidad. Los padres de los estudiantes desaparecidos se habían congregado en la escuela exigiendo respuestas y acción inmediata de las autoridades. La madre de Carmen, doña Teresa Vázquez, había viajado a Toluca para estar con su hija durante los interrogatorios. “Gracias a Dios que mi niña está bien”, lloraba doña Teresa mientras abrazaba a Carmen. “Pero, ¿qué pasó con los demás? ¿Dónde están Lucía? Miguel, Patricia y todos los otros niños.

El caso había captado también la atención de los medios de comunicación. Periodistas de periódicos nacionales, estaciones de radio y canales de televisión habían llegado a Tlaxcala para cubrir la historia. La misteriosa desaparición de Teotihuacán comenzó a aparecer en los titulares de todo el país. Carmen se encontró súbitamente en el centro de una atención mediática que la abrumaba. Los reporteros querían entrevistarla, fotografiarla, conocer cada detalle de su experiencia. Las autoridades, tratando de protegerla y de preservar la integridad de la investigación limitaron estrictamente su acceso a los medios.

Sin embargo, las pocas declaraciones que Carmen dio a la prensa solo intensificaron el misterio. Su historia era tan extraordinaria, tan fuera de lo común, que muchas personas comenzaron a especular sobre explicaciones alternativas. Algunos hablaban de abducciones extraterrestres, otros de fenómenos paranormales y había quienes sugerían que Carmen estaba encubriendo algún tipo de complot. La familia de don Aurelio, el chóer del autobús, estaba particularmente angustiada. Su esposa, doña Carmen Ramírez, que compartía el nombre con la única sobreviviente, insistía en que su marido jamás habría abandonado a los estudiantes bajo su cuidado.

Aurelio es un hombre responsable, decía entre lágrimas. Ha cuidado a miles de niños durante todos estos años. Algo terrible le debe haber pasado. Las familias de los maestros desaparecidos también luchaban con la incomprensión y la desesperanza. La esposa del profesor Morales, el director de la escuela, había caído en una depresión profunda. Esteban me dijo esa mañana que regresaría para la cena. Repetía una y otra vez. Me dijo que me trajera algo bonito de Teotihuacán. ¿Dónde está mi esposo?

La investigación oficial se intensificó durante las siguientes semanas. Se desplegaron equipos de búsqueda y rescate en toda la región donde había aparecido el autobús. Helicópteros sobrevolaron las montañas buscando señales de los desaparecidos. Se interrogó a habitantes de todos los pueblos cercanos. Se revisaron hospitales y morgues en un radio de cientos de kilómetros. Se consultaron registros de hoteles y pensiones. Los investigadores también se enfocaron en reconstruir la ruta exacta que había seguido el autobús. Lograron confirmar que el vehículo había pasado efectivamente por la gasolinera de San Martín, Texmelucán, donde varios testigos recordaban haber visto al grupo de estudiantes durante su parada.

El despachador de gasolina recordaba específicamente a don Aurelio, quien había sido muy meticuloso al revisar el vehículo antes de continuar el viaje. Sin embargo, después de esa parada, el rastro del autobús se perdía completamente. Nadie en los pueblos por los que debería haber pasado camino a Teotihuacán recordaba haber visto un autobús escolar amarillo con estudiantes. Era como si el vehículo hubiera desaparecido de la carretera principal y hubiera reaparecido horas después en esa carretera secundaria donde Carmen lo encontró.

Los peritos revisaron exhaustivamente el autobús en busca de pistas. Analizaron huellas dactilares, fibras textiles, cualquier evidencia que pudiera explicar lo que había ocurrido. Encontraron las huellas de todos los pasajeros conocidos, pero no había huellas de personas extrañas que pudieran indicar la presencia de secuestradores. Más intrigante aún, el análisis del motor y los sistemas del autobús no reveló ningún problema mecánico que pudiera haber causado una parada forzosa. El vehículo estaba en perfecto estado de funcionamiento. El nivel de combustible era consistente con la distancia recorrida desde la gasolinera hasta el lugar donde fue encontrado.

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