Ella Llegó Para El Divorcio — Él Quedó Impactado Cuando La Vio — Estaba Embarazada De Siete Meses

El despacho del notario, en una casona vieja de Coyoacán, olía a madera húmeda, tinta antigua y a esas verdades que la gente guarda como si fueran bombas: bien envueltas, pero siempre a punto de estallar.
Alejandro Mendoza llevaba veinte minutos sentado con la espalda recta, fingiendo paciencia. Tenía los papeles del divorcio frente a él, acomodados por su abogado en un orden perfecto: acuerdos, firmas, cláusulas, un final limpio.
—Con esto cerramos —le había dicho el licenciado Héctor Rivas—. Sin dramas.
Alejandro asintió porque esa era su manera de sobrevivir: ordenarlo todo, medirlo todo, controlarlo todo… incluso el dolor.
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