"¿Estás haciendo un circo?", murmuró. "Te da vergüenza delante de la gente."
Ella lo miró con atención. Por primera vez, como si fuera un desconocido.
"Estos dos últimos años han sido un circo", respondió. "Simplemente me voy del escenario."
Zhanna observaba en silencio desde la mesa. Su sonrisa de suficiencia se desvaneció.
Tatyana abrió la puerta.
"Y sí, Vitalik", añadió sin darse la vuelta. "Los inquilinos se mudan. Mañana. No volverás a ver el dinero del alquiler".
La puerta se cerró.
Pasó la noche en casa de una amiga. En un viejo sofá, bajo una manta. Se durmió al instante, sin lágrimas ni pensamientos. Su cuerpo simplemente se apagó, como una bombilla fundida.
Por la mañana, volvió a casa. A su apartamento.
Olía a polvo y a perfume ajeno, pero era su aroma. Sus paredes. Su espacio. Abrió las ventanas, dejó entrar el aire y se quedó parada en medio de la habitación un buen rato.
Una semana después, Vitalik llamó.
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