Ella vino a nuestra casa con noticias.

Katya levantó la vista.

"¿De qué te reíste?"

Lisa hizo una pausa.

"Te reíste de él. De que piense que somos juguetes. Que todo se arregla con palabras".

Katya sonrió, esta vez de verdad.

"Sí, Lisa". Me reí de su confianza.

Esa misma noche, llegó un mensaje de Vera:
"Me hice la prueba. No estoy embarazada. Gracias por... no humillarme. Conseguí trabajo. Y nunca más dejaré que nadie se aproveche de mí".

Katya lo leyó, exhaló y cerró el teléfono.

A veces la venganza no es un grito ni una victoria rotunda.

A veces la venganza es una puerta silenciosa que cierras y nunca más abres.

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