Ella vino a nuestra casa con noticias.

Vera parpadeó.

"No... no he venido a tomar el té."

"No te he preguntado por qué has venido", respondió Katya en voz baja. "He dicho: 'Entra'. ¿O quieres empezar a discutir quién es de quién en el rellano?"

Anton intentó agarrar el codo de Vera, pero Katya lo fulminó con la mirada, lo que le hizo apartar la mano bruscamente como si se hubiera quemado.

La cocina lo recibió con olor a masa y vainilla. Un tazón de futuros bollos estaba sobre la mesa; Katya le había prometido a Lizka esta mañana "igual que cuando éramos niños". El televisor de la habitación seguía a todo volumen con algo relacionado con deportes, pero ahora el sonido le parecía extraño.

Vera se sentó en el borde de su silla, todavía con su chaqueta de plumas puesta. Se mantenía erguida, pero sus dedos delataban su nerviosismo: jugueteaban con la cremallera y tiraban del hilo de su puño.

Katya se sirvió un poco de té. Un poco para ella. Solo entonces levantó la vista.

"Entonces, ¿dices que estás embarazada del hijo de Anton?"

Vera levantó la barbilla:

"Sí. Y él te iba a dejar. Lo prometió."

Anton contuvo la respiración bruscamente:

"¡No prometí nada! Yo... yo..."

"Silencio", repitió Katya. "Deja que termine. Te gusta que te escuchen, ¿verdad?"

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