Vera lo miró con reproche, pero enseguida volvió la vista hacia Katya, como si hubiera decidido que era más fácil "ganar" con su esposa que con su amante.
"Dijo que aún..." Vera dudó, eligiendo las palabras. "Que aún lo entenderías. Que tu matrimonio fue hace mucho tiempo... una formalidad."
Katya asintió, como si hubiera oído el pronóstico del tiempo.
"Excelente. Y ahora la segunda pregunta: ¿tienes un certificado? ¿Una ecografía? ¿Un informe médico? ¿La fecha del parto?"
Vera se quedó atónita por un segundo.
"Una prueba. Dos rayas. Es suficiente."
Katya sonrió. No con malicia. Más bien como la sonrisa que ponen los adultos cuando un niño intenta convencerlos de que un dos apareció "accidentalmente" en su boleta de calificaciones.
Dos rayas son el comienzo de una conversación, Vera. No el final. Etapa 2. La sonrisa de una esposa y un silencio que ahoga las excusas.
La puerta se cerró de golpe en el pasillo. Lisa apareció en la puerta de la cocina: una adolescente con el pelo despeinado y una sudadera con capucha grande. Entrecerró los ojos, somnolienta, pero al ver a la desconocida, despertó al instante.
"Mamá... ¿quién es?"
Anton se sobresaltó:
"Liz, regresa. Los adultos están hablando."
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