Ella vino a nuestra casa con noticias.

Katya se inclinó hacia delante.
"Pero ya no vivirás aquí."

Anton se levantó de un salto:

"¡No tienes ningún derecho!"

"Sí", dijo Katya con calma. "Y ya he cambiado la cerradura de la puerta de arriba. Tu llave es vieja. Compruébalo.

Anton corrió instintivamente hacia el pasillo, como si le hubieran mostrado el botón del pánico. Tiró de la manija de la cerradura del piso de arriba; la llave no giraba. Regresó pálido, con la mirada vacía.

Katya no se regodeaba. Simplemente estaba actuando como una adulta.

"Recoge tus cosas, Anton. Hoy. En silencio. Sin histeria. Lisa no debería ver tu actuación."

"¡¿Adónde voy?!", espetó.

Katya miró a Vera. Luego volvió a mirar a Anton.

"Excelente pregunta. ¿Quizás a 'tu mujer'? Para eso empezaste todo esto, ¿verdad?"

Vera levantó la cabeza y, por primera vez, la ira apareció en sus ojos; no hacia Katya, sino hacia Anton.

"No voy a verlo", dijo en voz baja. "Vine porque me prometió... dinero. Y que todo sería maravilloso."

Katya asintió:

"Listo. Todo ha salido maravilloso." Simplemente no como él lo había planeado.

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