La sala de maternidad se llenó de ruido: cinco voces gritando desde la oficina. La joven madre, exhausta, contuvo las lágrimas mientras miraba a sus pequeños. Eran pequeños, frágiles, pero perfectos.
Su compañero saltó a la cama y, en lugar de alegría, el horror se dibujó en su rostro.
"Tan... negro", jadeó, con la cabeza empapada de sospecha.
La madre parpadeó fríamente. "Eres tú. Son tus hijos".
Pero él respondió con violencia con la cabeza. "¡No! ¡Me traicionaste!".
Con esas palabras, se dio la vuelta y se fue, dejándola en brazos de cinco bebés que no tenían padre, ni protector, ni herencia.
Esa noche, acunando sus manos, dijo suavemente:
"No importa lo que les pase. Son mis hijos. Siempre los protegeré".
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
