"Gracias", dijo en voz baja. "Por elegirme".
Lo miré; ya no era el niño parado frente a velas temblorosas, sino un hombre que había transformado el dolor en propósito.
Mientras nos alejábamos, me di cuenta de algo inesperado.
La venganza habría significado destruirlo.
La justicia significaba terminar el ciclo.
Y la supervivencia —la verdadera supervivencia— significaba criar a un hijo que eligiera la integridad por encima de la amargura.
Ahora te pregunto, después de leer esto: cuando alguien te hiere profundamente, ¿la mayor victoria es el castigo… o la paz?
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