"Abuela", dijo Evan con claridad, "¿quieres que ponga la grabación que papá hizo sobre ti la semana pasada?".
La expresión de Diane flaqueó. Se le borró el color del rostro. "Siéntate", espetó, y luego suavizó el tono. "Esto no es apropiado".
Evan no se sentó. Me miró, preguntando en silencio. El corazón me latía con fuerza, pero asentí. Mark no había hecho nada sin un propósito.
"No entiendes lo que haces", dijo Diane en voz baja, dando un paso al frente.
El pulgar de Evan se cernía sobre la pantalla. El ministro se removió, inquieto. Alguien tosió. Las sillas crujieron al acercarse la sala.
"Papá dijo", continuó Evan, "que si alguna vez mentías sobre mamá, le diera al play".
Lo hizo.
La voz de Mark llenó la capilla: firme, familiar, viva.
"Si estás escuchando esto, significa que mi madre finalmente se pasó de la raya..."
La sala se congeló.
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