Ricardo la miró, y el amor que había inventado se convirtió en polvo. "Querías borrarme para quedártelo todo".
Ella perdió su máscara. "Solo eras la llave".
Al final de la noche, la iglesia estaba vacía, la boda rota, y la mansión, por primera vez, parecía respirable. Ricardo se sentó en la sala y, sin beber, miró el reloj. Luego se volvió hacia Lívia. "Me salvaste la vida y mi historia".
Ella simplemente ajustó la cortina. "Ahora vive de verdad, señor. Sin atajos".
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